Hacia el Foro GSEF 2027, en Maricá (Brasil): ecosistemas territoriales frente a la fragmentación
por Roberto Di Meglio
Miembro de la Task Force de la ONU para la Economía Social y Solidaria (UNTFSSE), del Comité Científico de CIRIEC International, del OIBESCOOP y del Comité Científico del Global Social Economy Forum (GSEF)
El camino hacia el Foro Global GSEF en septiembre de 2027 en Maricá (Brasil) ofrece una oportunidad importante para preguntarnos qué agenda necesita hoy la Economía Social y Solidaria (ESS). No se trata solamente de visibilizar experiencias valiosas, sino de comprender cómo esas experiencias pueden conectarse entre sí, dialogar con las políticas públicas y convertirse en verdaderos ecosistemas territoriales capaces de transformar los modelos de desarrollo.
En el marco de los trabajos preparatorios del Comité Científico del GSEF, una idea me parece especialmente importante: el GSEF 2027 puede ser una oportunidad para mostrar que la ESS no es solo un conjunto de buenas prácticas, sino una forma de construir territorios más democráticos, sostenibles y solidarios.
Para ello es necesario ir más allá de la presentación de experiencias aisladas. Existen cooperativas, asociaciones, emprendimientos comunitarios, redes de cuidado, experiencias de producción sostenible, organizaciones juveniles, universidades comprometidas, gobiernos locales sensibles y movimientos sociales activos. El problema es que estas iniciativas suelen permanecer aisladas. No siempre logran convertirse en estrategias compartidas, instituciones duraderas o bienes comunes para la ciudadanía.
La fragmentación surge no solo de instituciones débiles o escasez de recursos, sino también de la pérdida de un horizonte compartido. Toda comunidad necesita sentirse parte de un destino común. Por eso, uno de los grandes desafíos de la ESS es contribuir a pasar de la fragmentación a la integración. Hablamos de fragmentación institucional cuando las políticas públicas actúan de manera separada y sin coordinación; fragmentación social, cuando los grupos y organizaciones no logran construir una visión común; fragmentación territorial, cuando las experiencias locales no dialogan entre sí ni con escalas más amplias de decisión; fragmentación cognitiva, cuando el conocimiento académico, técnico, comunitario, ancestral y popular circula por caminos separados.
ESS, una infraestructura social y territorial
Frente a este proceso de ruptura, la ESS puede aportar una lógica distinta: la de la cooperación, la reciprocidad, la participación democrática y la construcción colectiva de soluciones. Pero para hacerlo necesita ser pensada no solo como un sector económico sino como una infraestructura social y territorial. Es decir, como una forma de organizar relaciones entre actores, instituciones, saberes, recursos y políticas públicas.
En este sentido, me parece fundamental reforzar la dimensión territorial del debate. Construir territorios más democráticos significa fortalecer las capacidades colectivas para decidir sobre el futuro común. Significa también reconocer que las respuestas a los grandes desafíos -desigualdad, crisis climática, precarización del trabajo, inseguridad alimentaria, crisis de los cuidados, debilitamiento de los vínculos sociales- no pueden construirse desde políticas aisladas ni desde actores separados.
Los jóvenes, actores activos de conocimiento, innovación y transformación
El tema de los jóvenes merece aquí una atención especial. Con demasiada frecuencia se habla de la juventud solo como un grupo vulnerable, como destinataria de políticas de empleo, formación o inclusión. Todo eso es importante, pero insuficiente. Los jóvenes deben ser reconocidos también como actores de conocimiento, organización, innovación social y transformación territorial.
En muchos territorios, las nuevas generaciones ya están construyendo respuestas frente a la crisis climática, la precariedad laboral, la transformación digital y la pérdida de confianza en las instituciones. Por eso, el GSEF 2027 podría ofrecer un espacio importante para preguntarse cómo integrar mejor a los jóvenes en la agenda de la ESS. No solo como beneficiarios, sino como protagonistas. No solo como “futuro”, sino como actores presentes en la construcción de alternativas. Esto implica abrir espacios reales de participación, escuchar sus lenguajes, reconocer sus formas de organización y vincular sus iniciativas con procesos territoriales más amplios.
Cuidados y educación: repensar el desarrollo
Otro punto central es el lugar del cuidado. El cuidado no debería ser tratado únicamente como un sector de servicios o como una respuesta a necesidades sociales específicas. Puede ser una puerta de entrada para repensar el desarrollo. Cuidar a las personas, cuidar los territorios, cuidar la biodiversidad, cuidar los vínculos comunitarios y cuidar a las futuras generaciones forman parte de una misma pregunta: ¿qué economías necesitamos para sostener la vida?
La educación constituye otro puente decisivo. No se trata solamente de formación técnica o profesional, aunque esta sea necesaria. Se trata de construir capacidades colectivas para comprender la realidad, organizarse, cooperar y actuar. La educación puede conectar conocimiento, organización y acción. Puede ayudar a transformar experiencias locales en aprendizajes compartidos, y aprendizajes compartidos en políticas públicas más pertinentes y democráticas.
En este punto, la relación entre experiencias territoriales y políticas públicas es crucial. La ESS no puede depender únicamente del compromiso voluntario de comunidades y organizaciones. Para consolidarse necesita marcos jurídicos adecuados, instrumentos de financiación, compras públicas responsables, espacios de coprogramación y cogestión, alianzas con universidades, reconocimiento institucional y mecanismos de participación democrática.
Pero tampoco basta con tener leyes o programas si estos no se arraigan en los territorios. Las políticas públicas más transformadoras son aquellas que logran dialogar con experiencias reales y fortalecer procesos colectivos.
Una visión política clara, experiencias territoriales concretas y aprendizajes útiles para la acción pública
En mi opinión, el GSEF 2027 podría contribuir mucho si logra articular tres dimensiones: una visión política clara, experiencias territoriales concretas y aprendizajes útiles para la acción pública. La visión política permitiría afirmar que la ESS no es marginal ni complementaria, sino parte de la disputa por modelos de desarrollo más justos y sostenibles. Las experiencias territoriales permitirían mostrar que estas alternativas ya existen. Los aprendizajes para la acción pública permitirían avanzar desde la inspiración hacia la transformación institucional.
La gran pregunta, entonces, podría formularse así: ¿cómo puede la ESS pasar de experiencias aisladas a ecosistemas territoriales capaces de transformar los modelos de desarrollo? Responder a esta pregunta exige mirar más allá de las organizaciones individuales. Exige observar las relaciones entre ellas. Exige comprender cómo se construyen alianzas, cómo se integran saberes diversos, cómo se involucra a los jóvenes, cómo se fortalecen los marcos jurídicos y cómo las políticas públicas pueden apoyar procesos democráticos sin sustituir la autonomía de los actores sociales.
Por eso, el valor de GSEF 2027 no estará solo en reunir experiencias, sino en ayudar a comprender las condiciones que permiten que esas experiencias se conecten, escalen, se institucionalicen y transformen los territorios.
En tiempos de incertidumbre, desigualdad y crisis ecológica, necesitamos más que buenas prácticas. Necesitamos ecosistemas territoriales capaces de sostener la vida, ampliar la democracia y construir futuros compartidos. La Economía Social y Solidaria puede ser una de las claves para avanzar en esa dirección.











